Kaya... Última semana en Burkina Faso
Esta semana trabajamos con Umberto y Lisa, una pareja de ancianos llena de energía y pasión, una hermosa pareja por cierto. Creo que aprendimos mucho de ellos, llevan muchos años en el este lugar, y siguen compormetidos con Dios.
Esta pareja tiene un preescolar y un orfanato, por lo que pudimos pasar mucho tiempo con los niños. Tuve la oportunidad de amar y abrazar niños con los que apenas podía hablar, ya que el francés no es su primer idioma, hablan Moré. Escuchar la risa de los niños es una de mis cosas favoritas y recibir sus abrazos derritió mi corazón.
Descubrí la compasión y amor de Dios por los niños y el tesoro que hay en ellos, eso que Jesús sabía cuando dijo: "De cierto os digo que el que no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él."
Tuvimos la oportunidad de ir a una pequeña aldea, a cuatro horas de camino entre arbustos y árboles, pasamos ahí un día y medio y después nos fuimos a otra aldea. Pasaron cosas increíbles.
En estas aldeas vimos cosas que nunca esperamos. Llevamos una lista de cosas que podíamos hacer, como cantar (más a su estilo que al nuestro), presentar algún drama, dar un testimonio y/o una enseñanza bíblica, un programa para niños que incluía nuestro repertorio de sketches sobre personajes bíblicos… En fin, planeamos muchas cosas, muchas de ellas las pudimos hacer desde la primera noche, y Dios planeó muchas más.
Sin perder tiempo, instalamos todo, metimos nuestras mochilas y sleepings a la iglesia donde dormimos y empezamos con el programa… Mucha gente se acercó y aceptó a Jesús en su corazón. Nosotros llenos de polvo y con mucho sueño oramos por cada uno
– Así que de esto se trata morir a mí, para que seas Tú—
El segundo día, una parte del equipo se dedicó al programa para niños, mientras que el otro (yo en ese otro), iba a repartir redes para mosquitos… Desde Lausanne nos mandaron con 50 redes para mosquitos, algo tan simple pero que tanto ayuda a combatir la malaria.
Así que a cumplir con el deber y… Conocimos a Simón, el jefe de la primera familia que visitamos para darles algunas redes, el único de esa familia que seguía siendo musulmán, y estaba ciego. Uno de nosotros le preguntó si creía que Jesús podía sanarlo, Él dijo: “Que estén aquí haciendo esto, es suficiente para que crea que Él puede”, los cuatro oramos por Él, dos, tres veces… De pronto, empezó a fijar la vista, todos supimos que Dios quería sanarlo, mi amiga puso sus dedos frente a él y los pudo mirar… Seguimos orando… Levantó la vista y con una sonrisa que jamás voy a olvidar, pudo ver el cielo, el sol, nos miró a los ojos y RECIBIÓ A JESÚS EN SU CORAZÓN, ese es el milagro más grande para Simón, porque Jesús en su corazón quiere decir que de verdad ya no es ciego, no hay nada que lo separe de Dios J.
Después de ahí, fuimos a visitar a otra familia, el hombre también recibió a Jesús, porque Él respondió a las oraciones de su familia, de verdad necesitaban esas redes.
Regresamos con los demás del equipo. Se esparció la noticia de lo que le había pasado a Simón, de repente nos encontramos rodeados de gente que nos pedía oración por sus enfermos. Supimos que Dios estaba permitiendo que esa multitud tuviera oportunidad de conocerlo de alguna manera. Oramos por muchos, no sé cuántos, oramos un largo rato, supimos que Dios estaba manifestando su poder ahí, para ser conocido.
En la segunda aldea, hicimos muchas cosas con los niños y al final, hicimos un programa como la noche anterior, la respuesta fue parecida, pero esta vez hubo muchos niños que se acercaron también. Una del equipo explicó todo el mensaje de salvación empezando desde Génesis, lo entendieron, lo aceptaron.
Al día siguiente, muy temprano, los niños llegaron para jugar, nos iríamos en unas horas, pero ¿por qué no jugar por última vez?
A pesar de todos los “pesares”, mi corazón sigue brincando cuando recuerdo todo lo que Dios hizo ahí, en medio del desierto africano, a la mitad de sólo Dios sabe donde, con gente que tal vez nunca vuelva a ver… ¡Que cada tribu, lengua, pueblo y nación conozca que TU eres Dios! Y que me permitas vivirlo ¡qué privilegio!
¡Ah sí! 2011 terminó esta semana, y yo ni lo sentí, parece que la gente aquí no lo celebra igual, nosotros sólo cenamos pollo con papas, todo un lujo... Si así ha sido este año ¿cómo será el siguiente?
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